Hombre Contra el Estado, el
Spencer, Herbert
El Hombre contra el Estado es sin duda la obra más conocida de Herbert Spencer. Esta compilación de cuatro ensayos es una defensa del individualismo contra el mayor de sus agresores, el Estado y la clase política.En el presente libro Spencer nos muestra dos principios ligados, a saber: que las personas han de actuar en su propio interés sin interferencia del Estado, y que los p...
Sinopsis
El Hombre contra el Estado es sin duda la obra más conocida de Herbert Spencer. Esta compilación de cuatro ensayos es una defensa del individualismo contra el mayor de sus agresores, el Estado y la clase política.
En el presente libro Spencer nos muestra dos principios ligados, a saber: que las personas han de actuar en su propio interés sin interferencia del Estado, y que los políticos y gestores públicos son capaces de generar más daños a la sociedad que beneficios. En las siguientes páginas Spencer muestra números ejemplos del desastre que representa la gestión del Estado y cómo ésta acaba volviendo a la gente en poco más que unos borregos dependientes del favor político. El libro es, sin duda alguna, premonitorio. El lector verá ejemplos que podemos palpar ahora mismo en nuestra sociedad. El autor liberal Roderick T. Long calificó a Spencer en la revista The Freeman (Julio/Agosto de 2004) como un profeta de los sucesos que acontecerían en los S. XX y XXI. Y es que, a pesar de que El Hombre Contra El Estado fue escrito hace casi 130 años, las críticas de Spencer son tan vivas como las noticias que leemos en la prensa hoy. El lector tiene en sus manos una oportunidad para ver cómo las atrocidades intervencionistas del pasado se repiten. Veremos a Spencer criticar la educación del Estado, el belicismo, las presiones de los burócratas para restringir el comercio con la fijación de precios, de producción, o las absurdas leyes de salubridad (hoy día muchas de ellas llamadas "ecologistas") que solo sirven para aumentar el precio de los servicios y productos finales, favorecer la destrucción de empleos y de la economía; cuyo único fin subyacente no es más que la compra de votos, la irresponsabilidad política y las creencias personales de tiranos situados en el parlamento. Y es que Spencer ya vio la absurdidad de que unos funcionarios corruptos del Gobierno impusieran sus creencias a los ciudadanos. Es la peor de las arrogancias y sinsentido de la política.
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